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Martes, 24 Marzo 2015 16:48

El día que se me apareció el diablo

Escrito por Senderos
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No voy a mentir, iba precisamente a su encuentro, lo que no sabía era cómo iba a ser. Llegué a Santa Catarina Minas por la tarde, era el martes previo al miércoles de ceniza.

Me apresuré a llegar a la iglesia. Estaba ya puesto un maderamen con una especie de horca. Los lugareños me lo confirmaron, en cualquier momento aparecería, ya era tiempo.

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En una esquina, de pronto, como una horda del mismo infierno aparecieron una serie de espectros gritando, bufando, soplando unos carrizos y saltando. Calaveras, monstruos y… el diablo, tan rojo, con sus cuernos y su risa tal como me lo habían pintado. El diablo sí es como lo pintan. El diablo y otros diablos, eran los diablos del carnaval de Santa Catarina Minas.

La banda empezó a tocar y los diablos se fueron como alma que los lleva dentro… rápidos, pero sin dejar de bailar y brincar, iban provocando y buscando más como ellos, más comparsas del pueblo, la gente en sus casas los veía temerosas y divertidas al mismo tiempo.

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Cuando los diablos encontraban a otra comparsa, se establecía una especie de reto, había más gritos y más saltos, más sonidos en esas trompetas de carrizo para ver quién hacía más ruiderío.

Dieron la vuelta al pueblo, llegaron nuevamente al centro y poco a poco iban llegando más. Cada comparsa se hacia notar a su llegada, para presumir sus caracterizaciones. Acá estaban esos pintados todos de blanco, allá los que venían de lobos, acuyá los de cuernos grandes. De pronto, se abren paso ante un caballo endiablado y su jinete diablo: Lalo Cura. Ese era su nombre, escrito en su espalda roja.

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Empiezan a llegar unos más vestidos de mujeres, con sus vestidos cortos y tacones que apenas y podían manejar. También llegaban otros vestidos de ancianos, que se divertían con la gente hablando con ellos de proezas o penas sexuales, mostrando imágenes lúbricas para sonrojar a las muchachas.

 

La gente hablaba de un ahorcado, se acercaba su hora. Los diablos iban y venían, bailaban, bailaban solos o con los que estaban vestidos de mujeres. Era martes de carnaval, los diablos tenían permiso… por última vez.

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